- Enviado por rosito el Viernes, 27 de Enero del 2012 en Cartas Amor
Estimada Pera González
Alma y cuerpo amado,
Te escribo desde Caparra, un pedazo de calle de pocas casas, cerca de
Plasencia, en el camino de la Plata, donde existen grandes ruinas y restos de haber
sido una gran ciudad en tiempo de los romanos.
Soy un pobre hombre que en tiempo de amores plantó en baldío muchos
besos para cercar el haza de tu bella geografía y sembré allí las correduras de eras
ajenas ( aunque me conociste barbilindo, fui cornudo y educado en el oficio de la
picardía), y mis apreturas y roces duraron lo que duró tu humedad, pues como tu
y yo bien sabemos: “el Amor dura lo que dura dura”.
Recuerda como yo te recuerdo en los versos que leíamos juntos de Alfonsa
de la Torre, Alondra Alfonsa, como tú, mi alondra Pera González, mi pastora de la
Lechetrezna entre zarzales:
Cancioncilla de la Maestra Herbera
Yo soy la pastora
de la zarzamora.
La sacerdotisa
de la yerbaluisa.
La que por antojo
se come el hinojo
y mezcla verbena
con la hierbabuena.
Yo soy la zagala
de la hierba mala:
con rito pagano
arrojo el aciano
en medio del fuego
y parto el espliego...
Y trenzo el lentisco
con el malvavisco.
Yo soy la doncella
de hierba centella:
provoco los celos,
hirviendo napelos
consigo mimosas
de las escabiosas
o desato llantos
con los amarantos.
¡Ay, la mejorana!
¿Quién ciega a la rana?
¿quién sangra al cuclillo?
Por el culantrillo
o por el cantueso
sé atraer el beso
de la adolescente
con nardo caliente.
Yo seré una lamia.
Sembraré la infamia,
urdiré el estrago
con sangre de drágo.
Seré la lobezna
de la lechetrezna
cebando medusas
con leche de aethusas.
Seré la sanguina
de lengua cervina,
fulva sanguisorba
que la vida sorba.
Hilaré con ruecas
de tibias resecas
la nácar lunára
de la dulcamara.
Yo soy la hechicera
de la enredadera,
de la serpentaria,
de la pasionaria,
de la cannabin
a y de la sabina.
¡Y del estramonio
y engaño al demonio!
(Plazuela de las obediencias.
(1969))
Ahora, llegada la sequía, todo es nada y queda por refrán entre los que me
conocen que mi amor fue de costa más que provecho, ruin y erial para el hombre
que, en lugar de acertar y ganar, sale con daño y pérdida, porque vuestro oficio de
mujer es coger las madejas que os queman, consolándoos de vuestro yerro
haciendo de vuestro mal un gozo.
Pera González, alma y cuerpo amado, si quieres verme, ven al Geriátrico de
Caparra, al que he regresado, y donde, aunque soy viejo y cansado, tres veces bien
me las hago: cuando me acuesto, me meo; a la medianoche, peo, y en la mañana me
cago.
Tuyo afectísimo,
P.D.: Añoro tu limpieza volviendo del revés la braga que hacía un mes llevabas puesta.