Bajo aquellas brillantes estrellas
en aquella clara noche de verano
tumbados en aquel césped mojado
por las primeras gotas de rocío
que anunciaban el amanecer.
Alejados de toda influencia
tan solo por aquella que nuestro corazón dictaba
prometimos a la primera estrella fugaz
nunca cambiar
Y la gran dama blanca
que desde el cielo nos quiso velar
un gran lema nos inspiró sin vacilar:
"Nunca lo olvidéis, todos sois uno...
que nunca se rompa vuestra amistad."